La ciudad de los ponchos
Durante las temporadas de frío estos cobertores momostecos son de las prendas más deseadas por la población; también son apreciadas en el extranjero
![]() |
Momostenango, Totonicapán. -- La Ciudad de los Altares, el significado de Momostenango en lengua k’iche’, es reconocida por sus múltiples artesanías populares, especialmente su producción de textiles durante la temporada de frío, cuando son demandados sus ponchos (gruesas cobijas de lana de oveja).
La elaboración
El trabajo no es fácil. La elaboración de una cobija puede durar de dos a tres semanas, en jornadas de trabajo de hasta 12 horas diarias, contó Arturo Acabal Pérez, uno de los tejedores de chamarras de ese municipio.
El proceso se inicia con la adquisición de la lana, que viene en colores naturales de negro, blanco y gris.
Si el diseño es con otros colores, la lana debe ser teñida cuando es hervida con palo de aliso (para conseguir los colores morado y café, o con añilina para los tonos naranja, rojo, verde y otros).
Los hilos de lana son colocados en los telares de madera donde se entrelazan según sea el diseño que se quiera lograr. Parece fácil, pero el proceso del color y el tejido de determinados diseños es complicado, que obliga a invertir bastante tiempo.
Aunque hay de diversos tamaños, el promedio de lana que se invierte en una cobija es de 27.5 libras.
En cuanto al precio, depende de las dimensiones y estilo, y los que pueden ser bordados.
Los tamaños son los convencionales imperial, matrimonial, queen y king.
Los precios oscilan de entre Q200 a los Q400.
El inicio
La fabricación empezó en Momostenango a principios del siglo XIX, pero su mayor apogeo se dio en la década de 1970, cuando la demanda llegó a nivel internacional.
Actualmente, menos del uno por ciento de esa población se dedica a esta artesanía. No goza de su mejor época de demanda, sin embargo, no se puede decir que han dejado de causar admiración, ya que se siguen vendiendo en el extranjero.

La música a cappella es música vocal sin acompañamiento instrumental. El término a cappella viene del italiano como en la capilla; el término es debido a las restricciones en el uso de instrumentos musicales en iglesias cristianas desde la introducción del 